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"José Micrófono: El jardinero" de Bianfa
sábado, 11 de abril de 2009

Del jefe a José: "En esta oficina las plantas no duran. Buscá un jardinero y de paso hacé una nota linda, colorida, fresca, aromática... ¡Uy, cómo estoy! Debe ser la primavera..."

José Micrófono y El jardinero...

–¿Cómo amanecieron? ¿Vieron que hermoso día de sol, temperatura agradable, poca humedad? Un día especial para crecer…

–¿Con quién habla?
–Con las plantas.

–No lo tome a mal pero... ¿habla con las plantas?
–Sí. Mientras les renuevo la tierra de las macetas o las riego, comunicarme con ellas es una forma de expresarles mi cariño y de que se sientan cuidadas, protegidas. Ellas responden creciendo sanas y radiantes.

–¿Esas manchaditas están creciendo bien?
–¿Cuáles manchaditas?

–Esas.
–¡No! ¡Otra vez los pulgones atacan! ¡A las armas! Busque refugio: voy a pulverizar toda la zona con insecticida.

–¿Tan malos son los pulgones?
–Se comen todo.Y diga que no hay hormigas...

–¿No? Y esa delgada línea roja que camina hacia allá... ¿No son hormigas?
–Sí. Pero informatizaron el hormiguero y ya no comen plantas.

–¿No? ¿Y cómo se alimentan?
–Piden delivery por Internet.

–Muy gracioso... ¿Por qué es importante su oficio?
–Las plantas y los árboles son vida. Además de renovar nuestro oxígeno, nos dan placer con sus fragancias y colores en los parques y plazas que cuidamos los jardineros…

–¿Y qué hacen los jardineros?
–Nos ocupamos de plantar, alimentar y cuidar diferentes tipos de plantas, pastos y árboles. Aplicamos los herbicidas, sistemas de riego y técnicas de mantenimiento, como aireación y poda.

–Bien. Hasta acá el repo. ¿Quiere agregar algo?
–Sí. Que cualquiera de nosotros se puede sentar en un lindo jardín con Azucena y Jazmín, tener la cabeza Siempreviva, llena de Pensamientos.O recordar a alguien y pedirle Nomeolvides.

–Jardinero y poeta... ¡qué capo!

 
EL DENTISTA EN LA SELVA de Goria Fuertes
sábado, 11 de abril de 2009


Por la mañanaImage

El dentista de la selva
Trabajó intensamente
Con un feroche cliente.


Era el rey de la jungla,
Era un león imponente,
Con colmillos careados
Y que le faltaba un diente.

Por la tarde

Y dijo el doctor dentista
A su enfermera reciente:
-pon el cartel en la choza,
no recibo más pacientes,
ha venido un cocodrilo
que tiene más de cien dientes.

 
La Criatura del Desván
domingo, 29 de marzo de 2009

 De Pedro Pablo Sacristán

ImageLa primera noticia de la criatura del desván surgió cuando uno de los niños subió a buscar un viejo libro. Todo estaba oscuro, pero entre las sombras pudo ver claramente dos ojos que le miraban fijamente, desde lo alto, con gesto terrible. Eran dos ojos grandes, separados casi un metro, lo que daba idea del tamaño de la cabeza de aquel horrible ser, que se lanzó hacia el niño. Este gritó a todo pulmón, cerró la puerta con llave, y dejó al monstruo gruñendo en el desván.

Durante dos días el pueblo vivió aterrorizado. Los gruñidos del desván y los aporreos de la puerta continuaron, y las noticias de las crueldades de aquel "bicho" se extendían por todas partes. El número de tragedias y desgracias aumentaba, pero nadie tenía valor para subir al desván y plantar cara a la bestia.
Al poco pasó por allí un pescador noruego, cuyo barco ballenero había naufragado días atrás; parecía un auténtico lobo de mar indomable, un tipo duro; y aprovechando que conocía el idioma, los hombres del lugar le pidieron su ayuda para enfrentarse a la horrible criatura. El noruego no dudó en hacerlo a cambio de unas monedas, pero cuando al acercarse al desván escuchó los gruñidos de la bestia, torció el gesto, y bajando las escaleras pidió mucho más dinero, algunas herramientas, una gran red y un carro, pues si triunfaba quería llevarse aquel ser como trofeo.

A todo accedieron los del pueblo, que vieron cómo el noruego abría la puerta y desaparecía entre gritos profundos y estremecedores que cesaron al poco rato. Nunca más volvieron a ver al noruego ni a escuchar a la bestia. Tampoco nadie se atrevió a subir de nuevo al desván.

¿Queréis saber qué ocurrió tras la puerta? ¿Seguro?

Cuando el noruego abrió, pudo ver el ojo de Olav, su enorme y bravo timonel. El ojo se veía también reflejado en un espejo, dando la impresión de pertenecer a la misma cabeza, porque el otro ojo de Olav llevaba años cubierto por un parche. Ambos siguieron hablaron a gritos en su idioma, mientras el ballenero le contaba a su encerrado amigo que aquellas miedosas gentes le habían dado tanto dinero que podrían volver a tomar un barco y dedicarse a la pesca. Juntos encontraron la forma de escapar del desván, subir al carro y desaparecer para siempre.

Y así, el miedo, y sólo el miedo, empobreció a todo el pueblo y permitió recuperarse a los pescadores. Tal y como sigue ocurriendo hoy con muchas de nuestras cosas, en las que un miedo sin sentido nos lleva a hacer tonterías, e incluso permite a otros aprovecharse de ello.

 
Douglas Wright tiene su propio Blog al que recomiendo su visita
domingo, 29 de marzo de 2009

El Jardinero Mágico




Al Jardinero Mágico le ocurren
cosas maravillosas.

Hoy, mientras daba un paseo,
se topó con una mariposa.







 

Douglas tiene su propio Blog, altamente recomendable para visitar con frecuencia... te dejo la dirección http://eljardindedouglas.blogspot.com/

 
Adivinanzas de Douglas
domingo, 29 de marzo de 2009


Son de tela y son de goma,
tienen cordones de atar;
con ellas camino y corro
o me pongo a saltar.











(Las zapatillas)
 
Una tarde monstruosamente divertica con Ana Griott
domingo, 22 de marzo de 2009

ImageTodos como hormiguitas acudimos el Lunes a  la llamada de los cuentos a la Biblioteca a escuchar a una muchacha llamada Ana Griott. Y de repente las historias iban de miedo y de monstruos. Monstruos que a muchos nos sonaban pero que en vez de causarnos miedo nos daban risa. Y un cuento tras otro se metió al público en el bolsillo como el Hombre del Saco. Los niños rieron, se asustaron , participaron y hasta acabaron convertidos en personajes de uno de sus cuentos.

Por allí pasaron monstruos de bosques y cuevas, de fuentes , de ríos y mares, de los cielos y de las casas. Todos estos personajes forman parte de un libro de la que es autora Ana Griott  "Libro de Monstruos Españoles” editado por Siruela  y con ilustraciones maravillosas de Jesús Gaba.

ImageImageAna Cristina Herreros Ferreira (León, 1965), filóloga y especialista en literatura tradicional, es autora de una antología de romances y de diversos artículos sobre animación a la lectura y técnicas narrativas. Compagina su trabajo como editora con su oficio de narradora (con el nombre de Ana Griott) en bibliotecas, teatros, cafés, cárceles, escuelas o parques públicos desde 1992.

Dice Ana Cristina "Cada día tengo mi monstruo preferido, depende de cómo me levante. Pero el monstruo que más me fascina, por ancestral, es el Basajáun. Es un gigante que todavía tiene rasgos de animalidad (su pata de cabra) anterior al neolítico, porque a él le roba el astuto héroe popular (que suple su fuerza con astucia) el arte de la agricultura"......  "Los monstruos desaparecen porque ya no viven en las bocas de las abuelas, porque en nuestros minipisos no caben ni monstruos ni abuelas. También porque no son políticamente correctos: son monstruos, seres con alguna extrañeza a los que conviene esconder. No vaya a ser que nos delaten, que muestren abiertamente aquello que queremos esconder de nosotros. Desaparecen sustituidos por los monstruos que nos da ya imaginados las películas de Disney. Monstruos de celuloide que han perdido toda su grandeza. Monstruos light de fácil consumo".ImageImage

 
El miércoles 1 de abril clase abierta con los papas
domingo, 22 de marzo de 2009
Image
 
Un corazón para Frankenstein
domingo, 22 de marzo de 2009

Texto: Fabián Sevilla
Imagen: Andrés Sobico


Fragmento de una imagen de Andrés Sobico

Frankenstein entra al supermercado. Viene contento el monstruo. Amablemente saluda a todos los clientes y empleados, agarra un carrito y comienza a desfilar por entre las góndolas. Ha ido por dos motivos: hacerle los mandados al médico que lo creó y con quien vive; y comprarse algo para él.

Es que, para su espanto, hace poco se enteró de que el corazón que le injertaron al momento de ensamblarlo, ¡era de un asesino! Y desde entonces teme levantarse con mal humor o sufrir una rabieta (algo muy raro en él), y terminar aniquilando a cuantos se le crucen enfrente.

Luego de planteárselo, su creador quiso calmarlo diciéndole que su temor era infundado. Pese a su insistencia, le dijo que estaba bien, que no había problema. Le cambiaría el corazón, pero debía conseguírselo él por su cuenta.

El monstruo ya ha llenado el changuito con todo lo que necesita para las comidas de esa semana (es excelente cocinero) y los productos de limpieza para dejar su castillo hecho una pinturita (también, es muy pulcro). Por eso, se aboca a encontrar lo que tanto desea.

Enfila hacia la carnicería.

—¿Tiene corazón? —le pregunta al carnicero.

—De vaca —responde el tipo mientras afila un cuchillo contra otro cuchillo—. Ideal para preparar milanesas.

—Sucede que no lo quiero para milanesas —le informa Frankenstein, con algo de vergüenza de confiarle el verdadero uso que espera darle.

Y en un microsegundo se imagina con un corazón que lo haga mugir en vez de hablar, lo obligue a rumiar pasto en vez de comer todas las cosas ricas que le gustan y que él prepara (¿te dije que era un gran cocinero?) y lo peor, convertido en un monstruo que da leche.

—También hay corazoncitos de pollo —le ofrece como opción el carnicero, sin soltar sus cuchillos—. Puede prepararlos con arroz o en guisito.

—Usted dirá: ¡cómo jorobo! Pero no es lo que busco —le explica.

Ahora se ve desayunando a picotazos maíz crudo y buscando gusanos para sus otras comidas. ¿Y si el pollo resultara ser gallo? Obligado a despertarse al amanecer y, parado sobre un palo, tener que cacarearle al sol. ¿O si fuera gallina? Ya le duele el trasero con la sola idea de verse forzado a poner al menos un huevo al día.

—Si lo que busca son achuras —le interrumpe la visión el carnicero—, puede llevar riñón o hígado.

A Frankenstein, la idea de tener esos órganos en vez de un corazón le da repelús.

—Gracias, pero de ésos ya tengo —. Y se dirige a la verdulería. Ese día hay ofertas en toda clase de frutas y le gusta la posibilidad de que le pongan un corazón aromático, colorido y con todas las vitaminas habidas y por haber.

Descarta llevarse un melón: es muy grande y además, lo constipa. También una manzana: lo que menos quiere es terminar con un gusano viviendo en sus entrañas. Menos un limón, no quiere tener sentimientos ácidos; ni tampoco un pomelo, porque si no sería un amargado. Al durazno ni lo mira: los pelitos le causan alergia. Si se llevara una pera de agua, nadie le asegura que apenas comience a latir termine deshaciéndose.

—¡Membrillo! ¡Me fascinaría tener por corazón un membrillo! —se propone.

Pero el empleado le avisa que justo no es temporada.

Sin dejarse rendir, Frankenstein va a la heladera de los lácteos. Tal vez un queso podría servirle, pero el único que hay es con agujeros y él quiere un corazón sanito. En la panadería, lo que más le convence es una medialuna, pero piensa en que tal vez atraiga hormigas y le causen un infarto. Sólo le queda la sección de artículos del hogar: lo único que se acerca a lo que busca es un despertador, pero no podría vivir con un cuore que podría atrasar o adelantar y menos, que cada cierto tiempo le suene una alarma.

Se siente frustrado. Pensó que sería más fácil.

Justo, por el altavoz anuncian que están por cerrar. Y como no quiere irse con las manos vacías, vuelve a la carnicería, donde con todo el dolor del alma termina llevándose el corazón de vaca.

Está pagando en la caja y piensa en los efectos colaterales de que le trasplanten una víscera vacuna. Entonces, una lágrima rueda por su mejilla y cuando le cajera le pregunta si se siente mal, le responde con el consabido:

—Me entró una basurita en el ojo, no se preocupe —. Y se va. Cuando llegue a su castillo podrá encerrarse en el sótano y llorar a grito pelado sin que lo vean.

Casi en la puerta, delante de él hay una anciana. Carga como diez bolsas, todas llenas. Se nota que le pesan un montonazo y, encima, una se desfonda regando todo el piso con latas, frascos y cajitas. Los demás le pasan por al lado y casi por encima sin siquiera ayudarla. El monstruo deja sus bolsas y la asiste.

—Gracias, jovencito —le dice la viejita—. Ya no hay personas como usted.

—Si vive cerca, la acompaño y le llevo las cosas —ofrece el monstruo, mientras se sorbe los mocos porque no ha podido evitar largarse a llorar en público.

—¿Me haría el favor? —acepta la mujer—. Usted sí que tiene un corazón grande como una casa de dos pisos. De los que les harían falta a otros, que en cambio tienen una piedra.

Lo que oye le gusta a Frankenstein. Ahora, camina junto a la viejita y reflexiona que, después de todo, lo que importa no es el corazón, sino la persona que lo usa.

En cuanto al que compró en la carnicería, planea prepararlo estofadito para él y su creador. (¡No sabés lo rico que le saldrá!)

Imagen por Andrés Sobico
 
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