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Me llamo María Dolores del Pino Monzón Roque, que son tres nombres, pero que tiene un motivo: María, porque antes la mayor parte de las niñas nos llamábamos así de primero. Dolores, porque mi madrina, hermana de mi padre, se llamaba así. Y Pino porque nací el día del Pino, el 8 de septiembre de 1961, y en Gran Canaria es imposible nacer ese día y no llamarse Pino, seas hembra o varón. Me gusta que me llamen Lola.
Mi padre se llamaba Bienvenido (Juan Bienvenido), mismo nombre que su madre, que ha continuado en un hermano mío y como segundo nombre en mi propio hijo. Mi madre se llama Remedios (María Remedios), y también es un nombre heredado de su tía, y que a su vez lleva una hermana mía. Esto es lo que se acostumbraba en las familias y en la mía también. Soy la tercera de diez hermanos, somos siete chicas y tres chicos; una familia muy numerosa que me proporcionó una infancia que recuerdo, sobre todo, como divertida. Nací en Vegueta, en la Clínica San Roque, y pasé la educación infantil y primaria en un colegio que se llamaba “Ángel Custodio”, que también estaba en Vegueta, y que dirigía una prima de mi padre, Doña Carmen, a la que recordamos en casa con cariño, y como una mujer muy seria, respetuosa y respetable, y nacida para enseñar. Claro, que también tenía una regla de madera enorme, que nos infundía respeto, sí o sí. Antes en los colegios los niños estudiábamos en la misma aula con diferentes edades, y ni siquiera nos imaginábamos las cosas de otra manera. Empecé en el cole con cuatro años y me gustaba mucho aprender. Cuando terminé primaria coincidió con la implantación por primera vez de la E.G.B., y no había muchos centros preparados para ello, así que estudié en una academia de la calle Buenos Aires hasta 7º y luego pasé al Instituto Isabel de España, donde hice 8º, Bachiller (BUP) y COU, que terminé en el año 1978. Actualmente tengo una empresa de asesoría de empresas, creación y gestión, así como formación de empleados y desempleados. En el año 86 nos mudamos a Santa Brígida toda la familia. En el 87 me fui a vivir a Las Palmas y en el 91 volví a Santa Brígida. En 1996 nos fuimos a Santander mi marido y yo, y allí nació mi hijo Néstor, en 1997. Un año después volvimos a Santa Brígida, y hasta la fecha. Si te pido que hagas un viaje a tu infancia ¿qué es lo primero que se te viene a la memoria? Una imagen, un color, un olor, una canción…..? Cuéntame Imágenes, y muchas. Todos en el coche de excursión a cualquier sitio; nos acostábamos en la parte trasera del coche, la parte del parabrisas, y nos deslizábamos sillón abajo. Ni cinturón, ni nada. Jugar en la azotea de la casa de Vegueta me gustaba mucho, porque para mí era un espacio enorme donde podías inventar muchas cosas. Las procesiones de Semana Santa en Vegueta, a las que acompañábamos a mi abuela, y las conocíamos todas. La playa, siempre me ha gustado mucho la playa, y en mi familia la hemos disfrutado mucho.
Me encantaba caminar en el pasillo de casa con tacones y un libro enorme en la cabeza
Cuéntame un momento muy feliz de tu infancia y uno que recuerdes con tristeza.
- Felices eran todas las noches de Reyes: emocionantes y divertidas. Y los días de Reyes, claro. No tengo un recuerdo especialmente triste de mi infancia, aunque mi abuelo materno, al que quería mucho, murió siendo yo pequeña; los niños no participábamos de la tristeza de los mayores.
¿Para dormir preferías leer o que te contaran un cuento? - Mi madre nos contaba cuentos a todos juntos, y los mezclaba unos con otros, y nosotros no la dejábamos seguir hasta que no volvía al cuento original. Éramos muchos hermanos, y nos sentábamos en la cama de mis padres a oír los cuentos. Cuando se terminaba el cuento, los cuentos mezclados, nos íbamos a dormir, los varones a un dormitorio, mis padres en el dormitorio de en medio, y las chicas en el dormitorio más grande. Entonces empezaba la diversión: Mi hermano Paco escribía un papelito y nos lo lanzaba por el pasillo, esperando que mis padres no lo vieran. Nosotras le contestábamos con otro papelito lanzado por el pasillo, y así podíamos estar hasta que nos descubrían y había que írse a dormir de verdad. Cuando crecimos, también nos sentábamos todos en la cama de mis padres, hasta que un buen día se le rompieron las patas.
¿Recuerdas que fue lo primero que leíste sóla: un libro de cuentos, un tebeo, un libro de aventuras ….? ¿Te acuerdas del título? - Un libro de aventuras de los Cinco, pero no me acuerdo del título. Leí toda la colección, una vez que empecé.
¿De qué libro guardas un buen recuerdo y porque? - No tengo un libro especial de mi infancia. Pero sí tengo que agradecer a mi hermana mayor que me introdujera en la lectura, pues hasta hoy mismo, es mi mayor hobby, me encanta leer, y a veces incluso utilizo los libros como excusa para “desconectar” del mundo real.
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