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Siempre en el recuerdo PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
lunes, 14 de marzo de 2016
( Se cumplen siete años desde que nos dejó., pero hay personas que no mueren nunca mientras sigan vivas en nuestro recuerdo. Este texto lo escribí al año de su muerte  y hoy se lo dedico a su madre; Emilia)

Inolvidable José Ángel Rodríguez Rodríguez que estás en tu onda..

ImageHace un año, yo tenía que haber escrito esto, cuando nos dejaste, pero como dice la canción: con los pies fríos no se piensa muy bien; imagínate entonces como se puede pensar, ordenar los sentimientos con el corazón helado, porque tú muerte fue como si de repente el invierno se hubiese presentado a una fiesta a la que no estaba invitado.

Nuestra vida es un viaje hacía la muerte y mientras llega a algunos les da tiempo de crecer, estudiar, hacer amigos, trabajar, formar una familia, recorrer el mundo, vivir sus sueños, contigo la muerte hizo planes muy pronto y de la noche a la mañana decidió que tu maleta ya estaba repleta y era cuestión de cambiar de onda… y te fuiste. Y todos guardamos en la memoria a un José distinto, que paso por nuestras vidas, o que nos dejo pasar un poquito por la de él.

Recuerdo al José de Canal Centro Radio, la de Paco Ortiz. Aquel muchacho entusiasta detrás de la pecera, siempre buscando la música perfecta para el momento adecuado; aquel José que cuando se acercaba Agosto se le iluminaba el rostro y era tanto el entusiasmo que ponía al grabar las cuñas anunciando la Fiestas, que sólo había que cerrar los ojos y conseguía que las visualizaras, que las respiraras, que las sintieras.

Recuerdo al José, para el que la palabra NO, estaba fuera de su vocabulario, no había música que no te encontrará o cuña que se le resistiera y siempre con su sonrisa que traspasaba el cristal de la pecera.

Recuerdo al José de la semana de las Fiestas Patronales y como en mitad de las tertulias que manteníamos los miembros de la comisión en una época con Paco Ortiz, Leo Suarez, Carmen Zamora, Rosi Ortiz, Manolo Santana o Juan Francisco Ortega, a las doce en punto, hacía un alto y dejaba entrar el repique de campanas de nuestra torre de la Iglesia por las ondas, y mientras sonaban, comentábamos en aquel local pequeñito con maravillosas vistas a la trasera del pueblo y que nos permitía disfrutar de vez en cuando del croar de las ranas de San Antonio; la suerte que teníamos de vivir en un pueblo así… ¡nuestro pueblo!.

Y el José de la campaña de las Campanas. Esas campanas con las que queríamos recibir un grupo de soñadores al siglo nuevo, esas campanas que pronto pasarían a ser el objetivo de cientos de satauteños y satuteñas y donde la radio fue una gran aliada; cada iniciativa, cada acto, cada propuesta era lanzada a los cuatro vientos a través de las ondas satauteñas y muchas llevaban el sello de su voz, y cuando al fin lo conseguimos entre tod@s ,ahí estaba José dispuesto a subir al campanario a retransmitir los primeros tañidos de las nuevas campanas. Esas campanas guardan entre tanto bronce la huella del entusiasmo que José, como tanta gente, puso en conseguir el sueño.

Y luego estaba el José con el que te cruzabas por la calle, a veces ataviado con la vestimenta tradicional para acudir a alguna romería de la isla y luego ponerme al día del ambiente que se respiraba y terminar diciendo: “¡pero la nuestra es la mejor!” Y yo siempre tan pesada, ante esa voz tan particular, tan tuya a base de currar muchas horas, no paraba de recordarte y repetirte: “cuídate esa voz mi niño, no sea que nos dejes sin nuestro mejor vendedor de fiestas a través de las ondas”.

José, ya no estás en nuestra onda. Andarás en otra, estoy segura, en la mejor onda, donde todo es menos complicado y la música no para de sonar. Estoy segura que al igual que otros tantos personajes sencillos y del pueblo que nos han dejado, no tendrás dedicado ni un solo reglón en los libros que hablen de la historia de nuestro pueblo. Esos renglones reservados para “otr@s”, con más apellidos, más diplomas colgados en las paredes. Pero Tú tienes un sitio mejor reservado en nuestra memoria, escrito en nuestro corazón, hecho de sonidos, de música, de alegría contagiosa, de trabajo bien hecho, de responsabilidad, de sueños compartidos. José, tú estás en otra onda, esa que es al fin y al cabo la más importante: la del recuerdo imborrable que nos acompañará siempre hasta que el tiempo decida cerrar también nuestra maleta de viaje. Entonces quizás, si hay suerte sintonizaremos la misma Onda.

 
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