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¡Regalad libros a los niños! PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
lunes, 21 de diciembre de 2015

Una mano tiene cinco dedos. Si tiene cuatro, sigue siendo una mano, por supuesto. Si tiene tres, también. Incluso con dos sigue siendo una mano, tan digna como cualquier otra, claro que lo que pueda hacer será más limitado. Un niño sin un libro sigue siendo un niño, por descontado, pero como ocurre con las manos, lo que pueda hacer también será más limitado. Leer es un superpoder, siempre lo ha sido, y los niños tienen derecho a ser superpoderosos. Por eso, por Navidad, hay que regalar novelas a los niños, pero que sean buenas, por favor, que sean realmente superpoderosas.

Dentro de la literatura infantil y juvenil existen una serie de clásicos olvidados que merecen ser reivindicados, recuperados, exaltados y, sobre todo, leídos, incluso en voz alta, a gritos, parando el tráfico, interrumpiendo todas las conversaciones. Así de importantes son y más importantes todavía, con una I mayúscula tan grande que rasca la oreja del marciano. Imaginación, ternura, aventuras, misterio, intriga, humor, si le quitas esto a un niño lo que queda es un boniato y quién va a comprar unos zapatos de 30 euros para un boniato. Ni Papanoel lo haría.

Uno de estos libros es «Las zapatillas de ballet», (Salamandra), de Noel Streatfeild. Narra la historia de tres niñas huérfanas, hermanas por las circunstancias, que acaban en una escuela de interpretación y descubrirán que el arte no sólo transforma a uno mismo, sino que da el poder de transformar todo lo demás. «Mi escritora favorita es Jane Austen, pero cuando era joven me gustaba mucho Noel Streatfeild. Aún releo «Las zapatillas de ballet»», comenta J. K. Rowling.

Otra maravilla inglesa de mediados del siglo XX es «El jardín de medianoche», de Philippa Pearce, una novela que aúna fantasía y realidad como muy pocas. Tom es un niño a que el sarampión de su hermano le ha impedido sus vacaciones perfectas. Obligado a ir con sus tíos, descubrirá un misterioso jardín, que en teoría no existe, y allí vivirá numerosas aventuras, que puede ser que no existan, pero a quién le importa existir, lo que importa es divertir, y Tom se lo pasará en grande.

Dentro del mismo género está «El bastón mágico», de John Buchan, el autor de «Los 39 escalones», de Alfred Hitchcock. Aquí, un niño se tropezará por casualidad con un bastón que permite a quien lo posee a trasportarse al instante a cualquier lugar y tiempo que desee. Después de sus mil aventuras, verá que la casualidades no existen, lo único que lo hace es la magia.

Una de las mejores escritoras de literatura infantil de la historia, hoy muy poco citada, es Edith Nesbit, cuya obra maestra es «Los buscadores de tesoros» (El barco de vapor). Antecedente de los famosos «Goonies», los hermanos Bastable empezarán a buscar tesoros para recuperar la fortuna familiar perdida y al buscar y buscar, encontrarán de todo, pero sobre todo lo fascinante que es la vida cuando se ambicionan los imposible.

Y ahora una de miedo, o no tanto, pero sí que pone los pelos de punta. En «Los lobos de Willoughby Chase» Joan Aiken creó una auténtica obra maestra presentándonos a Bonnie y su tímida prima Sylvia, que por culpa de los malvados tejemanejes de la señorita Slighcarp se verán abocadas a un orfanato rodeado por temibles lobos. Aunque quizá no son tan terribles y necesiten superar todos sus miedos para recuperar todo lo que les han robado.

Por último, hablar de la serie de «Frances el tejón» de Russell Hoban, tan entrañable como suena.

(Artículo publicado en LA RAZÓN.es)

 
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