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" Tambien fueron niñ@s": Alexis Ravelo PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
domingo, 09 de septiembre de 2012

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ImageAlexis Ravelo nació en Las Palmas de Gran Canarias en 1971. Es el menor de los tres hijos que tuvieron José y Josefa, sus padres. Soltero pero con pareja estable no tiene hijos.

Alexis es escritor, imparte talleres de escritura y organiza actividades de animación a la lectura. En sus ratos libres le gusta ver cine, escuchar música y dar largos paseos, sobre todo con su pareja. Le encanta cocinar y dar cuenta de lo cocinado. Disfruta cuando el tiempo se lo permite de los encuentros con amigos en asaderos o reuniones, con guitarra incluida. Su hobby principal es su profesión así que cuando lee o escribe no diferencia entre afición o trabajo. Le gusta la fotografía.


 Siempre fui un niño más bien solitario

 

1.- Si te pido que hagas un viaje a tu infancia ¿qué es lo primero que se te viene a la memoria?  Una imagen, un color, un olor, una canción…..? Cuéntame

  • Me crié en Escaleritas, en la plaza de Alvarado y Saaz, a la altura de la calle Marín y Cubas, un barrio entonces muy humilde, con viviendas del Patronato Francisco Franco que tenían una plaquita con el yugo y las flechas en la fachada. Mi padre era pensionista de la marina y trabajaba por las noches como recepcionista en un hostal de la calle de La Naval, el Hostal Leonor. Dormía casi todo el día, así que yo lo veía poco. Mi madre era modista y, hasta que yo cumplí cinco o seis años, tenía a aprendizas en casa, cosiendo. Luego se dedicó solo a hacer vestuarios para compañías de danza (Gelu Barbu, Tony Britmon). Si debo elegir un olor, quizá sea ese aroma a cuarto de costura: el olor del tafetán, del tergal, el sintético y el algodón, la tiza con la que se marcaban en la tela los cortes, el aceite con el que lubricaban la vieja máquina de coser Singer, con armazón de hierro forjado. EsasImage mujeres pasaban la tarde en aquel cuartito (por la noche, el cuarto, que tenía dos camas plegables, se convertía en dormitorio para mi hermano y para mí), cosiendo, chismorreando y escuchando la radio mientras trabajaban. En aquella época, aún daban radionovelas. No puedo recordar Simplemente María, que era toda una leyenda en mi casa, pero recuerdo que nunca se perdían La saga de los Porretas, una radionovela de humor. La radio era una compañía constante. Por las mañanas, por ejemplo, mi madre ponía siempre a Mara González desde muy temprano y ella daba los horóscopos y leía siempre, para espabilar a los niños antes del colegio, un cuento (luego descubrí que aquellos cuentos eran en su mayoría Cuentos de Calleja), que yo escuchaba bebiendo la leche con gofio. Mi madre compraba la leche a un cabrero que pasaba cada mañana por el barrio. Sí, ahora cuesta creerlo, pero casi hasta 1979, había un cabrero recorriendo con sus cabras la Ciudad Alta.   

2.- Cuéntame  un momento muy feliz de tu infancia y uno que recuerdes con tristeza.

  • Momentos felices hubo muchos. Por ejemplo, mi padre (que trabajaba siempre de noche) libraba los lunes y solía dedicarme la tarde. Era un tipo con un genio de mil demonios, pero a mí, cuando era niño, me mimaba bastante. Solía llevarme a los cines de Escaleritas o Schamann (el Scala, el Apolo, el Plaza, el Sol) a ver películas del Oeste, de James Bond o de aventuras. Esos momentos era muy felices, pero me gustaba todavía más cuando prefería llevarme al Puerto de la Luz, a ver los barcos y me explicaba cuál era un carguero, cuál un pesquero o de dónde era cada uno.
  • También recuerdo alguna vez que mi madre me llevó a la danza (como ella hacía los vestuarios, le daban entradas) y ver a Tony Britmon y Aida Lustres haciendo aquellas cosas imposibles y bellas sobre el escenario (creo que del Teatro Pérez Galdós).
  • ImageLos momentos tristes también abundaron. Están relacionados, principalmente, con las estreches económicas.

3.- ¿Para dormir preferías leer o que te contaran un cuento?

  • Leía y escuchaba la radio. Eso me causó problemas de insomnio, que arrastro hasta hoy. No me contaban cuentos, en general. Por las tardes, antes de que empezara a ir al colegio, mi padre sí que me contaba historias, a la hora de la siesta (él acababa de despertarse). Pero no eran cuentos: me contaba historias del Oeste. Mi padre leía novelas de Marcial Lafuente Estefanía y Silver Kane. Lo que me contaba eran novelas que había leído. A veces, cuando se le acababa el repertorio, inventaba alguna y, al final, terminamos inventándolas juntos. Quizá de ahí me viene el vicio de inventar historias.

4.- ¿Recuerdas que fue lo primero que leíste solo:  un libro de cuentos, un tebeo, un libro de aventuras...? ¿Te acuerdas del título?

  • Recuerdo leer, sobre todo, a Mortadelo y Filemón y, después, a Superlópez. También El guerrero del antifaz, Hazañas bélicas y Roberto Alcázar y Pedrín. En mi casa había pocos libros. La biblioteca familiar estaba formada (como casi todas las del barrio) por una Biblia, un diccionario Everest y la enciclopedia Acta 2000. Se pagaban a plazos y, con la enciclopedia, venía una colección de libros para niños y jóvenes que se titulaba Dime: Dime por qué, Dime cómo funciona, Dimé cuándo ocurrió... Era una especie de totum revolutum de saberes para niños.  Mis preferidos eran Dime cuándo ocurrió, que trataba de sucesos históricos, y Dime cuéntame, que tenía recensiones muy breves de novelas y cuentos clásicos. Me pasaba las tardes muertas leyéndolos. Esas fueron mis primeras lecturas, los tebeos, los Dime y el Acta 2000. Hasta que, por mi primera comunión, la mujer de uno de mis primos, me regaló Al vuelta al mundo en 80 días. Image

5.- ¿De qué libro guardas un buen recuerdo y por qué?

  • De las Narraciones extraordinarias de Poe y de Bola de sebo, de Guy de Maupassant. Probablemente, porque los leí sin permiso, a los nueve o diez años. Eran textos para adultos y yo no debía haberlos leído. Pero lo hice. Uno lo cogí de casa de un familiar. El otro, de la biblioteca del colegio. Si lo pienso fríamente, quizá por eso relaciono hoy la literatura con la seducción de lo prohibido, con la violación de las reglas y la subversión.

6.- ¿Qué era lo mejor del verano?

  • La infancia de un niño en Las Palmas de Gran Canaria en los años setenta era un largo verano. Hay un libro de Pedro Flores que lo cuenta muy bien: Capitanes de azúcar. Si hay que elegir, me quedo con jugar a las estampas en el zaguán, a la sombra. Image

7.- ¿Te gustaba jugar solo o preferías las pandillas?

  • Yo era el menor de tres hermanos y, el que menos, me llevaba diez años. Mis padres ya eran mayores cuando me tuvieron. Así que siempre fui un niño más bien solitario: mis padres trabajaban (él por la noche, ella durante el día) y mis hermanos ya eran adolescentes. Así que hasta que fui al colegio, prácticamente no tuve amigos. Me pasaba muchas tardes en el Cine Scala, en la sesión continua, viendo una y otra vez la misma película. Mi padre era amigo del acomodador y él me vigilaba. A la noche, mi madre venía a buscarme. Luego sí hice algunas amistades con niños del colegio. Pero me gustaba (o, al menos, sabía) estar y jugar solo.

8.- ¿Recuerdas alguno de tus juegos favoritos con los amigos?

  • Las estampas, las chapas y el boliche. Las calles tenían tantos socavones que era fácil encontrar un agujero que hiciera de guá. Image

9.- ¿Cuál es el juguete del que guardas un especial recuerdo?

  • Cualquier cosa era un juguete, pero a mí me gustaba un coche teledirigido, de la marca Rico. Era un Mercedes que me regalaron un día de Reyes. El mando (con cable, por supuesto), tenía un pequeño volante y dos botones. Una semana más tarde el coche ya estaba desguazado. Lo desarmé para “limpiar bien el motor”. Siempre me he arrepentido de no haber sabido volver a montarlo.

10.-¿Que te gustaba coleccionar de niño?

  • Maquetas de aviones de la Segunda Guerra Mundial. Me encantaba montarlas y luego decoraba el cuarto con ellas.

11.- De los amigos de la infancia, ¿conservas alguno?

  • A varios. No nos vemos mucho, pero seguimos teniendo contacto, a veces por trabajo, a veces porque coincidimos en eventos. Uno es taxista, otro es bailarín, otro productor teatral y un cuarto es maestro. Alguna vez he visitado el colegio de este último para conocer a sus alumnos. Es un tipo encantador.

12.- ¿De pequeño querías ser como…? (personajes reales, ficticios, cercanos,….)

  • Dos. Uno, el Conde de Montecristo. Daban el serial por la noche, en la radio, y ese agraviado vengador se convirtió para mí en un héroe.  También Jean Val Jean. Vi una versión de cine de Los miserables y me encantó el personaje: un tipo valiente y fuerte, pero manso, que busca la virtud y hace el bien donde quiera que va, aunque tenga que sacrificarse él mismo. Después, cuando leí la novela, me di cuenta de que Jean Val Jean ligaba más bien poco y pensé que era preferible cambiar de héroe. Pero cuando niño me encantaba.
  • Es curioso que mis dos héroes fueran personajes de folletines. Quizá es que tengo un punto melodramático.

13.- ¿Cuando eras pequeño, qué soñabas ser de mayor?

  • Quería ser periodista. En la tele daban Lou Grant y yo quería ser como Rossie, el reportero de investigación. Al terminar la EGB mis padres me dijeron que no había dinero para que yo estudiara BUP y COU y, mucho menos, para pagarme una carrera en La Laguna o la Península, y que tendría que estudiar Construcciones Metálicas, para ver si me podían colocar de soldador en el Puerto. Y ahí se acabó la historia.
  • ImageHoy tengo muchos amigos periodistas y, alguna vez, bromeamos con eso, porque varios de ellos eligieron ese oficio precisamente por el mismo motivo: ellos también eran fans de Lou Grant.

14.- ¿Se han cumplido los sueños de tu infancia?

  • En realidad, sí: hoy vivo de contar historias, tengo buenos amigos y estoy junto a una mujer estupenda y brillante. Nunca soñé ser rico ni poderoso; solo soñé esas cosas, así que no puedo pedir más.

15.- Si pudieras volver a ser un niño ¿que tres cosas no dejarías de hacer?

  • Estudiar idiomas con más aplicación, hacer más deporte (hice taekwondo y jugué al hockey, pero siempre fui muy inconstante y torpe), decir “no” cuando me ofrecieron el primer cigarrillo.
 
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