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GIANNI RODARI, una ventana a la fantasía PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
domingo, 02 de noviembre de 2008

ImageMaestro, periodista  y divulgador de la nueva pedagogía de Italia nació en Omega, Piamonte (Italia) en 1920 y murió en 1981. Sus padres eran panaderos y él se crió con una nodriza hasta que cumplió 12 años que murió su padre y fue enviado a vivir con su tía. Siempre quiso ser músico y estudió varios años violín pero en 1937 se graduó de maestro y al poco tiempo se inicio como educador en una casa de judíos alemanes exiliados de su país.

ImageEmpezó a escribir para niños en 1950 mientras trabajaba en el periódico L’Unitá.  Allí publicó sus primeras filastrocches  (retahílas) serie de poemitas  llenos de gracia y humor ligados a la poesía popular Italiana. Publicó “El libro de las retahílas” en 1950 y “ Las aventuras de Cipollino”1951.

En los años 60 Rodari recorre las escuelas italianas para contar historias y responder las preguntas de los niños. En 1970 recibe el mayor galardón internacional para un escritor de literatura infantil El Premio Hans Christian Andersen.

Ha publicado más de 20 libros con los que combina magistralmente el humor y la imaginación con una visión irónica del mundo actual. Image Entre ellas están: Cuentos para jugar, Cuentos escritos a máquina, Las aventuras de Cebollín, El libro de los por que, Gramática de la fantasía, Cuentos por teléfono, La tarta voladora……..

Dijo Rodari  “Es creativa una mente que siempre trabaja, que siempre hace preguntas, que descubre problemas donde los otros encuentran respuestas satisfactorias”.

“Se puede contemplar el mundo a la altura del hombre, pero también desde lo alto de una nube (con los aviones es fácil ). Se puede entrar en la realidad por la puerta principal o escurrirse en ella, es más divertido, por una ventanita”

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"El hombrecillo de nada" de Gianni Rodari

Erase una vez un hombrecillo de nada. Tenía la nariz de nada, la boca de nada, iba vestido de nada y llevaba zapatos de nada. Se fue de viaje a una calle de nada que no iba a ninguna parte. Se encontró a un ratón de nada y le preguntó:

-¿No temes al gato?

-No, de veras -contestó el ratón de nada-, en este país de nada sólo hay gatos de nada, que tienen bigotes de nada y garras de nada. Además, yo respeto el queso. Me como sólo los agujeros. No saben a nada, pero son dulces.

-Me da vueltas la cabeza -dijo el hombrecillo de nada.

-Es una cabeza de nada: incluso si te das contra una pared no te hará daño.

Queriendo hacer la prueba, el hombrecillo de nada buscó una pared para golpearla con la cabeza; pero era una pared de nada, y como él había tomado demasiado impulso cayó del otro lado. Tampoco allá había nada de nada.

El hombrecillo de nada estaba tan cansado de toda aquella nada, que se durmió. Y mientras dormía soñó que era un hombrecillo de nada que iba por una calle de nada y se encontró con un ratón de nada, y él también se ponía a comer los agujeros del queso, y el ratón de nada tenía razón: no sabían en verdad a nada.
 
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