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Entrevistas
"También fueron niñ@s" María Dolores del Pino Monzón Roque PDF Imprimir E-Mail
domingo, 05 de septiembre de 2010

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ImageMe llamo María Dolores del Pino Monzón Roque, que son tres nombres, pero que tiene un motivo: María, porque antes la mayor parte de las niñas nos llamábamos así de primero. Dolores, porque mi madrina, hermana de mi padre, se llamaba así. Y Pino porque nací el día del Pino, el 8 de septiembre de 1961, y en Gran Canaria es imposible nacer ese día y no llamarse Pino, seas hembra o varón. Me gusta que me llamen Lola.

Mi padre se llamaba Bienvenido (Juan Bienvenido), mismo nombre que su madre, que ha continuado en un hermano mío y como segundo nombre en mi propio hijo. Mi madre se llama Remedios (María Remedios), y también es un nombre heredado de su tía, y que a su vez lleva una hermana mía. Esto es lo que se acostumbraba en las familias y en la mía también.

Soy la tercera de diez hermanos, somos siete chicas y tres chicos; una familia muy numerosa que me proporcionó una infancia que recuerdo, sobre todo, como divertida.

Nací en Vegueta, en la Clínica San Roque, y pasé la educación infantil y primaria en un colegio que se llamaba “Ángel Custodio”, que también estaba en Vegueta, y que dirigía una prima de mi padre, Doña Carmen, a la que recordamos en casa con cariño, y como una mujer muy seria, respetuosa y respetable, y nacida para enseñar. Claro, que también tenía una regla de madera enorme, que nos infundía respeto, sí o sí.

Antes en los colegios los niños estudiábamos en la misma aula con diferentes edades, y ni siquiera nos imaginábamos las cosas de otra manera. Empecé en el cole con cuatro años y me gustaba mucho aprender.

Cuando terminé primaria coincidió con la implantación por primera vez de la E.G.B., y no había muchos centros preparados para ello, así que estudié en una academia de la calle Buenos Aires hasta 7º y luego pasé al Instituto Isabel de España, donde hice 8º,  Bachiller (BUP) y COU, que terminé en el año 1978.

Actualmente tengo una empresa de asesoría de empresas, creación y gestión, así como formación de empleados y desempleados.

En el año 86 nos mudamos a Santa Brígida toda la familia. En el 87 me fui a vivir a Las Palmas y en el 91 volví a Santa Brígida. En 1996 nos fuimos a Santander mi marido y yo, y allí nació mi hijo Néstor, en 1997. Un año después volvimos a Santa Brígida, y hasta la fecha.

Si te pido que hagas un viaje a tu infancia ¿qué es lo primero que se te viene a la memoria?  Una imagen, un color, un olor, una canción…..? Cuéntame

Imágenes, y muchas. Todos en el coche de excursión a cualquier sitio; nos acostábamos en la parte trasera del coche, la parte del parabrisas, y nos deslizábamos sillón abajo. Ni cinturón, ni nada. Jugar en la azotea de la casa de Vegueta me gustaba mucho, porque para mí era un espacio enorme donde podías inventar muchas cosas. Las procesiones de Semana Santa en Vegueta, a las que acompañábamos a mi abuela, y las conocíamos todas. La playa, siempre me ha gustado mucho la playa, y en mi familia la hemos disfrutado mucho.


 

Me encantaba caminar en el pasillo de casa con tacones y un libro enorme en la cabeza

ImageCuéntame  un momento muy feliz de tu infancia y uno que recuerdes con tristeza.

  • Felices eran todas las noches de Reyes: emocionantes y divertidas. Y los días de Reyes, claro.  No tengo un recuerdo especialmente triste de mi infancia, aunque mi abuelo materno, al que quería mucho, murió siendo yo pequeña; los niños no participábamos de la tristeza de los mayores.

¿Para dormir preferías leer o que te contaran un cuento?

  • Mi madre nos contaba cuentos a todos juntos, y los mezclaba unos con otros, y nosotros no la dejábamos seguir hasta que no volvía al cuento original. Éramos muchos hermanos, y nos sentábamos en la cama de mis padres a oír los cuentos. Cuando se terminaba el cuento, los cuentos mezclados, nos íbamos a dormir, los varones a un dormitorio, mis padres en el dormitorio de en medio, y las chicas en el dormitorio más grande. Entonces empezaba la diversión:  Mi hermano Paco escribía un papelito y nos lo lanzaba por el pasillo, esperando que mis padres no lo vieran. Nosotras le contestábamos con otro papelito lanzado por el pasillo, y así podíamos estar hasta que nos descubrían y había que írse a dormir de verdad. Cuando crecimos, también nos sentábamos todos en la cama de mis padres, hasta que un buen día se le rompieron las patas.

¿Recuerdas que fue lo primero que leíste sóla:  un libro de cuentos, un tebeo, un libro de aventuras ….? ¿Te acuerdas del título?

  • Un libro de aventuras de los Cinco, pero no me acuerdo del título. Leí toda la colección, una vez que empecé.

¿De qué libro guardas un buen recuerdo y porque?

  • No tengo un libro especial de mi infancia. Pero sí tengo que agradecer a mi hermana mayor que me introdujera en la lectura, pues hasta hoy mismo, es mi mayor hobby, me encanta leer, y a veces incluso utilizo los libros como excusa para “desconectar” del mundo real.
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"También fueron niñ@s": Alicia Esther Benítez Santana PDF Imprimir E-Mail
martes, 24 de agosto de 2010

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ImageAlicia Esther Benítez Santana nació el 12 de Mayo de 1965 en la Clínica del Pino. Como siempre, tenía tanta prisa, que no esperó a los nueve meses como todo el mundo para nacer, sino que nació con ocho y en la sala de observación del Hospital.

Sus padres: Isaac, el repartidor de la leche Sandra y Carmen, la hija de Manolito el del agua de La Heredad, dicen que siempre tiene prisa para todo, como si se fuera a acabar el mundo.

El día que nació, las apuestas no eran nada favorable para que siguiera en él. Se la dieron a sus padres en el Hospital envuelta en una manta por si podían hacer algo por ella.

Así llegó a casa de sus abuelos Eulalia y Manolito, en Portada Verde, donde vivían por entonces sus padres, junto a sus tíos y su bisabuelo Juan. Cuando su abuela la vio, dijo: “esto no es una niña, parece un gato mojado con los dedos y las orejas pegadas”.

Desde ese momento, empezó la lucha particular de toda una familia para mantener viva a su “gatita mojada”: las botellas con agua caliente que ponían en la cuna, que reemplazaban a las modernas incubadoras, los turnos de mecer a la niña, que era una llorona de campeonato, e incluso los turnos para darle de comer y no perder la paciencia porque nunca quería comer.

Es la mayor de dos hermanos, Gilberto y Leticia,  aunque mucha gente en el pueblo cree que tiene tres hermanos más, que son realmente sus tíos, Manolo, Javier y Óscar con los que convivió durante mucho tiempo, yendo con Óscar al mismo colegio a distintos cursos.

Pasó su infancia entre Portada Verde y Los Silos. Recuerda con mucho cariño jugar con sus amigos a que eran jinetes como los del “Rancho de Bonanza” y para ello cogían unas cañas y amarraban un trozo de hilo en un extremo, se subían a ellas y cabalgaban por todos los cercados de alrededor,  teniendo también una caseta debajo de una higuera.

Estudió en el Colegio El Paraíso, en el Colegio Nacional de Santa Brígida y en el Juan del Río Ayala. En medio de la destrucción del antiguo colegio y  la construcción del actual, estuvo un par de cursos en los bajos de la Iglesia Parroquial. Cuando terminó la EGB comenzó a estudiar Auxiliar Administrativo en las Salesianas (Árbol Bonito) y terminó el ciclo superior de Administrativo en la Universidad Laboral.

 Antes de acabar de estudiar comenzó a trabajar en el Colegio Juan del Río Ayala como Vigilante de Comedor, trabajo que desempeñó durante 20 años. De esos momentos guarda grandes recuerdos,  tanto de las anécdotas  ocurridas con los niños (como aquel que parte de los días les decía a sus padres que comía solomillo y se refería a que sólo se comía el millo de la ensalada), a las vivencias con las distintas compañeras  con las que convivió durante esos años; y en el corazón un lugar especial para GLORIA GONZALEZ,  que además  de ser una gran compañera  y amiga  era un ejemplo de superación para todos.

Su niñez fue muy sencilla sin grandes lujos, por que en aquella época no existían, pero llena de cariño por parte de su familia, su gran familia, tanto cuando vivió con sus abuelos, como cuando vivió con sus padres. Le encantaba cambiar de casa cuando llegaba el fin de semana, en la época que vivió  en casa de sus abuelos pasaba el fin de semana con sus padres y  cuando se fue a vivir con sus padres, iba los fines de semana con sus abuelos.

Después de pasar 20 años trabajando en los Comedores Escolares se fue al Cabildo de Gran Canaria a trabajar al Servicio de Medio Ambiente; como Operario estuvo en varios destinos: en el Vivero de Tafira y en la Campaña de Incendios en Artenara,  en la Finca El Galeón donde realizó funciones de capataz de la misma durante seis años. Actualmente está destinada en Cruz Grande, San Bartolomé de Tirajana, como  capataz de una cuadrilla de Medio Ambiente, que en los veranos se convierte en una Brigada Forestal de Incendios.

Está casada con José, al que conoció en  unos Carnavales, allá por el 88, y tiene un hijo que se llama Víctor, el cual le recuerda muchas cosas de ella cuando era pequeña. Estos son los dos tesoros  más importantes de su vida.

Entre sus hobbies está cocinar, hacer senderismo, estudiar inglés, leer, pero sobre todo viajar y conocer gente y poder hablar con ellas. Una de las cosas que más le gusta hacer es sentarse delante de una buena mesa con los amigos,  echar unas risas y una parranda si se tercia.


 De mayor quería ser exploradora y vivir en la selva...

 ImageSi te pido que hagas un viaje a tu infancia ¿qué es lo primero que te viene a la memoria? Una imagen,  un color, un olor, una canción…? Cuéntame?
  • El primer recuerdo que me viene a la mente es la casa donde me crié, que tenía a lo largo del patio una latada cubierta de una buganvilla, y cuando me levantaba  me encantaba ver el suelo lleno de sus hojas.  Me gustaba hacer montones y luego tirarlas al aire antes de que mi abuela las barriera con sus escoba todas las mañanas.
Cuéntame un momento muy feliz de tu infancia y uno que recuerdes con tristeza.
  • Un momento feliz era cuando nos reuníamos en casa de mi abuela todos los domingos para comer  y luego todos los primos nos íbamos a jugar a los cercados de la finca.  También era el momento que mi abuela repartía entre mis tíos toda la fruta y verdura que llegaba a la casa durante la semana. Todos se llevaban sus potajitos.
  • Un momento triste fue la muerte de mi bisabuelo “abuelo Juan”,  tendría unos doce años, entre él  y yo había  una gran conexión.  Me  encantaba que me contara historias de época, de su viaje a Argentina y de la familia que allí tenía. Recuerdo que él se sentaba en una piedra saliente que había en el camino de entrada  a la casa y yo me acostaba en el suelo a oírlo.  Cuando ya era muy mayor, yo me encargaba de algunas partes de su aseo personal, como afeitarlo, incluso con una navaja grande que había que pasar  por una cinta de cuero; siempre nos reíamos mucho cuando yo le llenaba la cara de dibujos con la espuma de afeitar, que se aplicaba con una brocha.
¿Para dormir preferías leer o que te contaran un cuento?
  • Me encantaba que me contaran historias reales de la juventud de mis abuelos y mis padres. Cuando aprendí  a leer,  leía cualquier cosa que pillara por ahí; aún tengo que leer sea cual sea la hora de irme a dormir.
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"También fueron niñ@s": Angel Tristán Pimienta PDF Imprimir E-Mail
domingo, 13 de junio de 2010

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ImageÁngel Tristán Pimienta, nacido en las Palmas de Gran Canaria el 20 de Agosto de 1948 (aunque en el DNI figura el 21), reside en la Villa de Santa Brígida desde 1982. Primero en Los Lentiscos y desde hace cinco años en Calvo Sotelo. Está casado con María Luisa Pita, farmacéutica, funcionaria de Sanidad, donde es jefa de servicio de Sanidad Medioambiental y tienen dos hijas, las dos en la universidad. Son cuatro hermanos, y es el mayor. En la actualidad es director del Club Prensa Canaria. En sus ratos libres le gusta…. Escribir, leer, cuidar el jardín y caminar. En verano suele ir a la piscina del Real Club Náutico y cuando coge el ritmo, “me hago veinte largos, o sea, mil metros”.

Ángel Tristán ha escrito dos libros, Oficio de Libertad, que va por la cuarta edición, y 2009: el año de las malas noticias. Además escribió el texto de, editado por Global, con fotos de Ángel Luis Alday. Asimismo, ha prologado numerosas obras, como la reedición de las Memorias de un hijo del siglo, autobiografía de Juan Rodríguez Doreste, o Auge y caída del presidente Fernández, de Francisco Pomares…. Ha dictado numerosas conferencias sobre temas de periodismo y comunicación, así como de política y urbanismo. Ha sido pregonero de las fiestas de San Antonio de Pauda,  de Santa Brígida, y  de la Virgen de la Salud, de Pino Santo Alto. Está en posesión de la Cruz al Mérito Naval, que le fue impuesta por el ministro José Bono, y recientemente ha sido nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. También ha sido propuesto por decenas de organizaciones ciudadanas como Premio Canarias de Comunicación. En la actualidad prepara varias obras: Canarias y la guerra invisible, que recopila artículos, ensayos y conferencias sobre temas de defensa, seguridad y política internacional con eje en canarias; un libro de relatos cortos, reales, conocidos directamente por el autor, que todavía no tiene nombre concreto, nos dice, pero que podrá girar alrededor del concepto ‘frutos del bosque’. Una novela basada en la historia real de su familia, que recoge desde el día en que su abuelo se fugó con 17 años del seminario de la Laguna y se fue a Buenos Aires, la boda allá, la emigración, el regreso, la guerra civil, en la que su padre estuvo preso siete años por socialista y su tío mutilado de guerra en el bando nacional… Y, finalmente, un compendio de artículos sobre corrupción y perversiones democráticas.


 Una buena tiradera era fundamental en aquellos tiempos de mi infancia

ImageSi te pido que hagas un viaje a tu infancia ¿qué es lo primero que se te viene a la memoria?  Una imagen, un color, un olor, una canción…..? Cuéntame.

  • El cabrero que llevaba el ganado de veinte o treinta cabras por el Puerto de La Luz, y que despachaba la leche en los zaguanes. El carro verde, tirado por un burro, de las naranjas. El olor a marisco de las peñas, llenas de centollos, en el muelle de Santa Catalina. La sensación de aventura en las pilastras hundidas en el agua del viejo Real Club Náutico; y las horas pasadas en la playa.

Cuéntame  un momento muy feliz de tu infancia y uno que recuerdes con tristeza.

  • Momentos felices, cuando pasaba las vacaciones en Tacoronte, Tenerife, donde vivía mi abuela y mi tía Gabriela. Allí pisaba uva, tenía una pandilla que se adentraba en los barrancos y perseguía lagartos como cocodrilos (bueno, un poco menos). Y en la casa que alquiló mi padre en Valleseco, con una pequeña huerta, y las caminatas campo a través y las fugonas hasta Teror. Y con tristeza la muerte de mi mejor amigo, Pepe Blanco, que murió cuando acababa de terminar Medicina.

¿Para dormir preferías leer o que te contaran un cuento?

  • Cuando tocaba dormir, se dormía. Las lecturas llegaron más tarde. En vez de cuentos, como en el dormitorio estábamos mi hermano y yo, lo que había eran juegos y  risas hasta que mandaban silencio.

¿Recuerdas que fue lo primero que leíste sólo: Un libro de cuentos, un tebeo, un libro de aventuras...? ¿Te acuerdas del título?

  • Desde luego, tebeos del Capitán Trueno; luego llegaron las Hazañas Bélicas y las Vidas Ejemplares. Como libro, libro, mi padre nos regaló una colección del periodista y escritor italiano Emilio Salgari, que nos introdujo en el mundo de las aventuras. Desde luego, su personaje más apasionante era Sandokán, que protagonizó muchas de las aventuras que se reflejaban en varios de los títulos; y luego pues ‘El corsario negro’, ‘El tesoro de los Incas’, ‘El capitán Tormenta’. ‘El mar de las perlas’…. Del mismo autor.

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"También fueron niñ@s": Rosi Sosa Déniz PDF Imprimir E-Mail
lunes, 26 de abril de 2010

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Image Rosa Mª Inmaculada Sosa Déniz nació un 8 de octubre de 1965. Cuenta su madre que cuando estaba esperando en la cama de la Clínica del Pino, miró por la ventana y vio pasar  una estrella fugaz, así que tocó el timbre y en poco tiempo dio a luz. Es la segunda hija de Ignacio y Andrea, la poeta, ambos oriundos de Santa Brígida. Sus hermanos son Mª Eugenia y Santiago, y tiene la suerte de pertenecer a una gran familia llena de tíos y primos por ambas partes. Su niñez la pasó entre el colegio Juan del Río Ayala y el Barrio de Los Olivos. Era una niña tímida pero muy despierta. Luego pasó al Instituto de Tafira y de ahí a la Universidad donde cursó estudios de Diplomada en Enfermería, que acabó a los 23 años. Desde entonces ha trabajado en varios sitios, pero siempre con residencia en Santa Brígida.

Estando trabajando en San Mateo, conoció a Juan Ramón (actualmente el médico de La Atalaya), y llevan ya juntos casi 17 años. Tienen una niña, Eva y un niño, Néstor. Y continúan viviendo en Santa Brígida.

Rosi es una enamorada de su trabajo y un culo inquieto, no deja de desarrollarse en ese aspecto, hace poco ha terminado su Máster en Ciencias de la Enfermería por la Universidad de Alicante, y está pendiente de hacer el doctorado, ya que su ilusión es ser  profesora de la Universidad para poder enseñar todo lo que ha aprendido durante tantos años. De su profesión destaca el poder tener la satisfacción de ayudar a los demás en momentos difíciles. Trabajó durante 9 años en el servicio de Cuidados Paliativos, viendo de cerca lo duro y lo sencillo que resulta la muerte. Este aspecto le ha servido para vivir el presente de forma intensa, “hay que aprovechar cada momento, disfrutarlo, y seguir aprendiendo todos los días”, nos comenta. Actualmente trabaja en el servicio de Hospitalización a Domicilio del Hospital de Gran Canaria Dr. Negrín, visitando y cuidando a los enfermos en sus casas, “me encantan las técnicas, pero aún más el poder de la comunicación”

Dentro de su interés por el desarrollo personal y laboral, ha sido coautora de varios libros y ha sido ponente en varios congresos, así como profesora de cursos sobre cuidados. En este momento prepara un nuevo libro y una nueva comunicación.

Pero también tiene hobbies, le gusta cocinar pero no limpiar los cacharros después, algunas manualidades, ver películas románticas, estudiar inglés y salir de compras con su prima Loli. Pero quizás su mayor afición es conocer gente y hablar con ellos.

Recuerda con emoción sus viajes en Inter Raíl por Europa, con la mochila a cuestas y en tren, con poco dinero y sin teléfono móvil (no existían), algo que aconseja a todo el mundo como de las mejores experiencias que se pueden vivir, si no, pregúntenle a su hermana. También cuando tocaba la guitarra y cantaba con sus amigos en las Canteras por la noche, en los asaderos, en las marchas,… Le gusta la música clásica, por lo que ha decidido también aprender a tocar el piano, aunque no tiene tanto tiempo como quisiera.

Su niñez fue sencilla y pura, sin informática pero con imaginación, humilde económicamente pero rica en el cariño que le procuró su familia.


Quería ser química y trabajar en un laboratorio como Madame Curie

ImageSi te pido que hagas un viaje a tu infancia ¿qué es lo primero que se te viene a la memoria?  Una imagen, un color, un olor, una canción…..? Cuéntame

  • Finales de septiembre, principios de octubre, muy cerca de mi cumpleaños. Cuando caían las primeras gotas y salíamos a la calle para respirar el olor a tierra mojada.

Cuéntame  un momento muy feliz de tu infancia y uno que recuerdes con tristeza.

  • Cuando tenía 6 años, mi hermana se fracturó la tibia y el peroné y estuvo ingresada en la Clínica del Pino. Por lo visto mi madre compró allí un número de ciegos, de aquellos cuadraditos que tenían pocos números. Revisando un día el bolso, lo encontró y se lo dio a mi padre para que lo comprobara. Recuerdo que, de repente, me vi en la cocina y mi padre estaba colorado como un tomate riéndose y lanzando billetes al suelo, y mi madre enfrente atónita decía “¿de verdad Ignacio?” Y lo repetía. El número estaba premiado. Comprendí que el dinero no da la felicidad, pero ayuda.
  • Cuando tenía 10 años mi abuela materna murió y mi madre estaba enferma y no pudo ir a su duelo, ni verla de cuerpo presente como no paraba de repetir. Cuando sus cinco hermanas llegaron después del entierro, mi madre se abrazó a ellas y no podía parar de llorar. Recuerdo a mi madre en la cama, como indefensa, y sus hermanas llorando con ella. Luego me fui a la cocina con su mejor amiga, Florita, que la había acompañado y cuidado todo el día, para que me dijera algo, pero también estaba llorando en silencio. No sé cómo lo entendí, pero lo entendí. Descubrí lo que era una pérdida, y lo que te quieren tus familiares y tus amigos.

¿Para dormir preferías leer o que te contaran un cuento?

  • Siempre, que me contaran un cuento, aunque eran pocas las veces. Sin embargo, tengo la suerte de tener una gran narradora en casa, mi madre, que a falta de libros, se inventaba sus propias historias, De hecho, para mí la voz de mi madre me resulta muy relajante, y puedo quedarme dormida escuchándola, aunque ahora me pueda estar hablando del precio de las flores.

Image¿Recuerdas qué fue lo primero que leíste sola: un libro de cuentos, un tebeo, un libro de aventuras….? ¿Te acuerdas del título?

  • “La fosforera” de Andersen.   Recuerdo que tenía más dibujos que letras, pero tenía mucho interés en leerlo, y mi madre me ayudaba con las palabras difíciles. Lo cierto es que a la primera lo entendí, qué triste, tristísimo, me encantó, pero intentaba buscar otros finales. Aún ahora me pone los pelos de punta. Pienso que hoy día no es muy famoso, quizás porque duele.

¿De qué libro guardas un buen recuerdo y porque?

De varios:

  • ¿Recuerdan el antiguo colegio de Santa Brígida? Estaba dividido en dos partes, las niñas y los niños. Por la parte de las niñas estaban las clases de preescolar con doña Cruz y Srta. Dora, y en la parte de los niños estaba el comedor en donde trabajaba Carmelita. Pues resulta que cuando estaba en 3º, se puso sólo ese año, la moda de que en el recreo, después de hacer cola para tomarnos un café con leche y bocadillo de “quesoplato” que repartía Carmelita, luego nos podíamos ir a la parte de los niños, y habían unas cajas llenas de libros. Yo siempre buscaba el mismo, y esperaba que nadie lo cogiese por favor. Era el cuento de la Cenicienta, mi preferido, pero éste tenía los dibujos de la película de Disney. Lo leía y releía, y no me cansaba, ¡qué maravilla!, se me iba el tiempo. Deseaba ir al colegio sólo por eso.
  • “David Copperfield” de Charles Dickens. Fue el primer libro que me absorbió, y el primero que me leí en un día, tampoco era pequeño. Lo empecé por la mañana y lo terminé por la noche, con un tremendo dolor de cabeza, pero recordando los pasajes y aventuras del protagonista, el final feliz y el cambio que la vida le había proporcionado. Totalmente recomendable, aunque ahora prefiero “Cuento de Navidad”.
  • “Robinson Crusoe”. De éste tengo un recuerdo gracioso. Lo empecé cuando era pequeña, pero aún no lo he terminado, creo que voy por la parte en que apareció Viernes. Lo empezaba todos los veranos por la parte en la que lo había dejado el año anterior, era un hipnótico maravilloso.
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"Tambien fueron niñ@s": Benito Troya Henríquez PDF Imprimir E-Mail
domingo, 11 de abril de 2010

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ImageBenito Troya Henríquez nació el 11 de Octubre de 1978 en la Clínica Cajal de las Palmas de Gran Canaria. Se convertía así en el primer hijo varón de  Poldita y Benito Troya,  conocido carpintero de nuestro pueblo. Antes de él, este matrimonio muy querido  en nuestra Villa, ya habían sido padres de Lucia y María Isabel. Benito desde pequeño fue un niño con inquietudes artísticas y deportivas. Cuentan los amigos de la familia que eran muy populares y esperadas, sus imitaciones de famosos,  su capacidad para atraer la atención con su gracia y desparpajo y que jugando al futbol  se las traía.  Cursó sus primeros estudios en el Colegio Juan del Río Ayala. Luego pasó al IES Felo Monzón y de ahí a la Escuela de Hostelería. Ha regentado negocios relacionados con el sector servicios y actualmente es profesor de curso de la rama de Hostelería y Turismo.

Dejándose llevar por el artista que lleva dentro, cuentan sus amigos que eran maravillosas sus interpretaciones de  David Summer, el de Hombres G,  en las Scala Hi-Fi que preparaban con su pandilla para las fiestas.  Escribe, dirige, produce e interpreta su Opera Prima “Buena Racha: El Musical”  con música del cantautor  Luis Quintana. Con este espectáculo recorre varios puntos de nuestra isla, incluido nuestro municipio donde tiene una excelente acogida. Ahora no corren buenos tiempos para las aventuras, pero el confía en que todo salga bien y este año pueda estrenar su segundo espectáculo “Nadie como tú”.

A Benito le encanta el deporte en general  y disfruta tanto practicándolo como viéndolo. Entre sus aficiones, destaca la lectura y las artes escénicas en todas sus expresiones. En poquísimo tiempo, Benito se ha visto rodeado de niños y niñas, sus  sobrin@s a los que adora y a los que seguro no parará de hacerles sonreír.

Su gran amigo de toda la vida, Carlos Rodríguez, o Casloyo como le dice cariñosamente, nos comenta sobre él:   Anécdotas de Benito podría contar hasta que mi vida pasase a formar estaciones que no tienen destino final. Momentos de alegrías incalculables, de preocupaciones resueltas por consejos que hacen de esta persona un hermano para mi. Viajes a las siete islas en la infancia, siete momentos vividos, siete sentimientos y siete vidas vividas al lado de él. Incansable, trabajador, no especula con el tiempo porque siempre quiere más. Lo que más admiro de él –sigue diciendo Carlos-  son sus ansias por que todo el mundo y sobre todo sus más allegados recuerden en la eternidad la persona que es. Sincero en cada palabra, todo lo que desprende representa lo que es  “un trotamundos de la vida”. Su destino es…  inquietud por descubrir en cada paso que da por el camino de la vida, las maravillosas notas que componen todo lo que le rodea. Me siento orgulloso de formar parte de la obra de su vida.  Ser protagonista de ella es para mí un placer.


“Cuando uno es niño quiere ser de todo menos niño”

Image Si te pido que hagas un viaje a tu infancia ¿qué es lo primero que se te viene a la memoria?  Una imagen, un color, un olor, una canción…..? Cuéntame

  • Una imagen: esperar en el recreo del Juan del Río a que nos trajeran los panes de azúcar de la panadería de Ascanio y la marabunta de chiquillos que se formaba en la valla, pagar las 25 pesetas y conseguir tu preciado pan de azúcar era lo mismo que ganar una Champions League.
  • Un color: podría asociarte muchos colores a mi infancia, por lo que te diré que la recuerdo así, simplemente de color.
  • Un olor: con este no tengo ninguna duda y hoy en día me sigue fascinando, es más, te diría que es mi olor favorito. El olor a césped recién cortado del Estadio Insular cuando iba a ver a la U.D., entrar por la grada y sentir ese olor era algo maravilloso y lo que venía después indescriptible, lo de menos era el resultado. El Estadio Insular era único.
  • Una canción: “Por la cara” de Mecano, no es de sus canciones más conocidas, pero cuando yo era chico la tenía grabada de un concierto en una cinta VHS y no paraba de ponerla haciendo yo el acompañamiento con un caldero a modo de cajón andaluz.

Cuéntame  un momento muy feliz de tu infancia y uno que recuerdes con tristeza.

  • Momento feliz de mi infancia, recuerdo muchos, pero quizás uno de los más especiales era el día de reyes, cada año se superaban. Hasta cumplir los 29 años que ya me dijeron que si no me importaba y les dejaba paso a mis sobrinos, pero hasta ese año, que no fue hace mucho, lo recuerdo con mucho cariño.
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