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Bendición de Dragón...Gustavo Roldan PDF Imprimir E-Mail
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domingo, 03 de abril de 2016
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Miguel Ángel Bethencourt PDF Imprimir E-Mail
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domingo, 03 de abril de 2016
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Caperucita Roja y el Lobo PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
domingo, 03 de abril de 2016

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Estando una mañana haciendo el bobo

le entró un hambre espantosa al Señor Lobo,

así que, para echarse algo a la muela,

se fue corriendo a casa de la Abuela.

"¿Puedo pasar, Señora?", preguntó.

La pobre anciana, al verlo, se asustó

pensando: "¡Este me come de un bocado!".

Y, claro, no se había equivocado:

se convirtió la Abuela en alimento

en menos tiempo del que aquí te cuento.

Lo malo es que era flaca y tan huesuda

que al Lobo no le fue de gran ayuda:

"Sigo teniendo un hambre aterradora...

¡Tendré que merendarme otra señora!".

Y, al no encontrar ninguna en la nevera,

gruñó con impaciencia aquella fiera:

"¡Esperaré sentado hasta que vuelva

Caperucita Roja de la Selva!"

-que así llamaba al Bosque la alimaña,

creyéndose en Brasil y no en España-.

Y porque no se viera su fiereza,

se disfrazó de abuela con presteza,

se dio laca en las uñas y en el pelo,

se puso la gran falda gris de vuelo,

zapatos, sombrerito, una chaqueta

y se sentó en espera de la nieta.

Llegó por fin Caperu a mediodía

y dijo: "¿Cómo estás, abuela mía?

Por cierto, ¡me impresionan tus orejas!".

"Para mejor oírte, que las viejas

somos un poco sordas". "¡Abuelita,

qué ojos tan grandes tienes!". "Claro, hijita,

son las lentillas nuevas que me ha puesto

para que pueda verte Don Ernesto

el oculista", dijo el animal

mirándola con gesto angelical

mientras se le ocurría que la chica

iba a saberle mil veces más rica

que el rancho precedente. De repente

Caperucita dijo: "¡Qué imponente

abrigo de piel llevas este invierno!".

El Lobo, estupefacto, dijo: "¡Un cuerno!

O no sabes el cuento o tú me mientes:

¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!

¿Me estás tomando el pelo...? Oye, mocosa,

te comeré ahora mismo y a otra cosa".

Pero ella se sentó en un canapé

y se sacó un revólver del corsé,

con calma apuntó bien a la cabeza

y -¡pam!- allí cayó la buena pieza.

 

Al poco tiempo vi a Caperucita

cruzando por el Bosque... ¡Pobrecita!

¿Sabéis lo que llevaba la infeliz?

Pues nada menos que un tapado

que a mí me pareció de piel de un lobo

que estuvo una mañana haciendo el bobo.

 
Siempre en el recuerdo PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
lunes, 14 de marzo de 2016
( Se cumplen siete años desde que nos dejó., pero hay personas que no mueren nunca mientras sigan vivas en nuestro recuerdo. Este texto lo escribí al año de su muerte  y hoy se lo dedico a su madre; Emilia)

Inolvidable José Ángel Rodríguez Rodríguez que estás en tu onda..

ImageHace un año, yo tenía que haber escrito esto, cuando nos dejaste, pero como dice la canción: con los pies fríos no se piensa muy bien; imagínate entonces como se puede pensar, ordenar los sentimientos con el corazón helado, porque tú muerte fue como si de repente el invierno se hubiese presentado a una fiesta a la que no estaba invitado.

Nuestra vida es un viaje hacía la muerte y mientras llega a algunos les da tiempo de crecer, estudiar, hacer amigos, trabajar, formar una familia, recorrer el mundo, vivir sus sueños, contigo la muerte hizo planes muy pronto y de la noche a la mañana decidió que tu maleta ya estaba repleta y era cuestión de cambiar de onda… y te fuiste. Y todos guardamos en la memoria a un José distinto, que paso por nuestras vidas, o que nos dejo pasar un poquito por la de él.

Recuerdo al José de Canal Centro Radio, la de Paco Ortiz. Aquel muchacho entusiasta detrás de la pecera, siempre buscando la música perfecta para el momento adecuado; aquel José que cuando se acercaba Agosto se le iluminaba el rostro y era tanto el entusiasmo que ponía al grabar las cuñas anunciando la Fiestas, que sólo había que cerrar los ojos y conseguía que las visualizaras, que las respiraras, que las sintieras.

Recuerdo al José, para el que la palabra NO, estaba fuera de su vocabulario, no había música que no te encontrará o cuña que se le resistiera y siempre con su sonrisa que traspasaba el cristal de la pecera.

Recuerdo al José de la semana de las Fiestas Patronales y como en mitad de las tertulias que manteníamos los miembros de la comisión en una época con Paco Ortiz, Leo Suarez, Carmen Zamora, Rosi Ortiz, Manolo Santana o Juan Francisco Ortega, a las doce en punto, hacía un alto y dejaba entrar el repique de campanas de nuestra torre de la Iglesia por las ondas, y mientras sonaban, comentábamos en aquel local pequeñito con maravillosas vistas a la trasera del pueblo y que nos permitía disfrutar de vez en cuando del croar de las ranas de San Antonio; la suerte que teníamos de vivir en un pueblo así… ¡nuestro pueblo!.

Y el José de la campaña de las Campanas. Esas campanas con las que queríamos recibir un grupo de soñadores al siglo nuevo, esas campanas que pronto pasarían a ser el objetivo de cientos de satauteños y satuteñas y donde la radio fue una gran aliada; cada iniciativa, cada acto, cada propuesta era lanzada a los cuatro vientos a través de las ondas satauteñas y muchas llevaban el sello de su voz, y cuando al fin lo conseguimos entre tod@s ,ahí estaba José dispuesto a subir al campanario a retransmitir los primeros tañidos de las nuevas campanas. Esas campanas guardan entre tanto bronce la huella del entusiasmo que José, como tanta gente, puso en conseguir el sueño.

Y luego estaba el José con el que te cruzabas por la calle, a veces ataviado con la vestimenta tradicional para acudir a alguna romería de la isla y luego ponerme al día del ambiente que se respiraba y terminar diciendo: “¡pero la nuestra es la mejor!” Y yo siempre tan pesada, ante esa voz tan particular, tan tuya a base de currar muchas horas, no paraba de recordarte y repetirte: “cuídate esa voz mi niño, no sea que nos dejes sin nuestro mejor vendedor de fiestas a través de las ondas”.

José, ya no estás en nuestra onda. Andarás en otra, estoy segura, en la mejor onda, donde todo es menos complicado y la música no para de sonar. Estoy segura que al igual que otros tantos personajes sencillos y del pueblo que nos han dejado, no tendrás dedicado ni un solo reglón en los libros que hablen de la historia de nuestro pueblo. Esos renglones reservados para “otr@s”, con más apellidos, más diplomas colgados en las paredes. Pero Tú tienes un sitio mejor reservado en nuestra memoria, escrito en nuestro corazón, hecho de sonidos, de música, de alegría contagiosa, de trabajo bien hecho, de responsabilidad, de sueños compartidos. José, tú estás en otra onda, esa que es al fin y al cabo la más importante: la del recuerdo imborrable que nos acompañará siempre hasta que el tiempo decida cerrar también nuestra maleta de viaje. Entonces quizás, si hay suerte sintonizaremos la misma Onda.

 
Tantos papás PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
domingo, 13 de marzo de 2016
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