AGREGAR A FAVORITOS
foral design
Cuentos para leer
Casas y Cosas PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
martes, 05 de agosto de 2008

Image 

¿Cómo serán las casas
de las jirafas?
¿Tendrán altos los techos
y las terrazas?
¿O tendrán agujeros acomodados
para pasar sus cuellos del otro lado?

¿Cómo será la casa
de la ballena?
¿Tendrá un baño con ducha
o tendrá bañera?
¿O será la ballena alérgica al agua
y usará un impermeable y un gran paraguas?

¿Cómo será la casa
del que es viajero?
¿Tendrá cuatro rueditas,
volante y freno?
¿O será una capita llena de arrugas,
parecida a la casa de las tortugas?

¿Cómo serán las casas
de los carteros?
¿Fabricadas con sobres
que se perdieron?
¿O sin leer las cartas, ya se imaginan
palabras calentitas que los abrigan?

¿Cómo será la casa
de un marcianito?
¿Colgará sus antenas
en un ganchito?
¿O será un botón rojo su casa-nave,
viajando entre las ropas de los placares?

¿Cómo será la casa
de estas palabras?
¿Cantarán desde un libro,
cuando lo abras?
¿O tendré que guardarlas en mi bolsillo,
refugio de bolitas, figus y un grillo?

Texto: Diana Briones

Imagen: Natacha Esains

 

 
El pavo Caruso PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
martes, 29 de julio de 2008

                                                          
 

Carla Dulfano

ImageEl pavo Caruso se aburría y buscaba un amigo para jugar.

Un pollito se acercó y le dijo:

-¿Jugás conmigo?

-No, vos tenés un solo color. Busco alguien con plumas de muchos colores, como las mías.

El pollito se alejó.

-¿Jugás conmigo? – preguntó el sapo.

-No. Yo quiero un amigo con plumas iguales a las mías.

El sapo se fue.

Caruso entró en un cobertizo y vio un pavo igual a él.

-Qué alegría –pensó–, por fin encuentro a alguien como yo.

Después movió una pata tímidamente en señal de saludo. El otro pavo también lo saludó.

Caruso abrió las plumas para mostrar todos sus colores.

El otro pavo hizo o mismo.

-¿Jugamos a las escondidas? –preguntó Caruso-. Yo cuento, y vos te escondés…

ImageCaruso se puso a contar pero cuando abrió los ojos el otro pavo todavía estaba ahí.

-¡No te escondiste! Entonces contá vos y yo me escondo.

Caruso corrió a esconderse. Esperó mucho tiempo, pero el otro pavo no lo encontró.

Caruso salió de su escondite y se lastimó el pico con una rama.

Volvió al cobertizo y le dijo a su amigo:

-¿Por qué no me buscaste? Ah… Ya veo: Vos también te lastimaste el pico, pobre…

Y se acercó a acariciarlo con una patita.

Pero no pudo.

Se golpeó contra algo muy duro y muy frío: Era un espejo. ¡Su amigo no era otro pavo! ¡Era él mismo, reflejado en un espejo!

Fue a buscar al pollito y al sapo.

-¿Por qué volviste? –le preguntaron.

Caruso contestó:

-Es muy aburrido estar con alguien tan igualito a mí…

 
Dos lindos cuentos de Dragones para que leas en verano PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
sábado, 19 de julio de 2008
Esta semana te regalo dos cuentos preciosos de dragones. Aquí verás uno de Gustavo Roldán y el otro de Valeria Dávila  buscalo en Cuentos para el Verano. 
 

Amor de Dragón

Gustavo Roldán

ImageCuando los dragones se aman se desatan los maremotos, los volcanes lanzan un fuego endemoniado y los huracanes largan una furia que hace pensar que ha llegado el fin del mundo. Por eso a veces, para amarse sin molestar a nadie, vuelan hasta el cielo más alto, donde las estrellas casi están al alcance de la mano.

Y los dragones creen que el mundo queda en calma. pero se equivocan. Entonces caen rayos y centellas, el cielo parece desplomarse con truenos aterradores, las estrellas fugaces y los cometas de largas colas luminosas corren de un lado para el otro sembrando el pavor, y los tornados enfurecidos se tragan medio mundo.

O la luna o el sol parecen borrarse lentamente en el cielo y todos dicen que hay un eclipse, dando minuciosas explicaciones de cómo la tierra se coloca entre el sol y la luna o la luna delante del sol y etcétera etcétera.

Vanas explicaciones. Las dicen los que nunca miran bien. Si mirasen bien verían claramente la figura de dos dragones que se aman y que van tapando la luz de los astros según se acerquen o se alejen.

Cada vez que alguien piense que está llegando el fin del mundo sólo tiene que abrir los ojos de mirar bien. Los ojos grandes de mirar lejos. Y no creer en tonteras. Pero eso no es nada fácil.

 
Cuento con dragones PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Valeria Dávila   
sábado, 19 de julio de 2008
Valeria Dávila

ImageCuando Kerpo llegó al mundo, su mamá dragona lo miró con ojos llameantes.

Lo vio tan bello que supo que su vigésimo séptimo hijo no sería un

dragón más.

Y es que Kerpo era particularmente hermoso, con su cuerpo regordete

y rollizo. Su piel escamosa era de un verde brillante y sus dos alas se movían

acompasadamente, provocando delicadas brisas o violentas ráfagas.

Si uno lo miraba profundamente a los ojos, podía conocer el color de

todos los atardeceres de Siam, la aldea cercana a su hogar.  Como todo dragón

que se precie de tal, tímidos fueguitos asomaban por debajo de su lengua.

A medida que fue creciendo, su belleza lo tornó famoso. Dragonas de

otras comunidades venían a conocerlo, a admirarlo. Y es que Kerpo era ahora

todo un dragón adolescente, dueño de una belleza salvaje y capaz de producir

llamaradas indómitas.

Sus admiradoras lo acosaban, lo perseguían, lo invitaban a tomar el té

en hermosas cazuelitas de porcelana. Le escribían cartas apasionadas, aunque

habitualmente su fogosa mirada las quemaba antes de llegar a leerlas.

Pero a Kerpo no le importaban demasiado aquellas dragonas cabecitas

huecas y atrevidas. Prefería seguir con su vida simple de dragón, que es una

vida muy hogareña y familiar.

Se levantaba cada mañana, se lavaba los dientes con aguarrás y una vez

por semana se hacía gárgaras con pólvora, para que su fuego tuviera también

algún efecto sonoro.

Después, caminaba por las colinas de Siam, siempre alerta, ya que no

eran pocos los cazadores de dragones por aquellas comarcas.

Luego, compartía con su familia un plato de cerezos maduros y entonces,

sólo entonces, cuando salían las primeras estrellas, se aventuraba por la aldea.

Una de esas tantas noches, conoció a la princesa Lee-Fú, que en mongol

antiguo significa “amante de dragones”. Lee-Fú no sabía el significado de

su nombre, ya que la única profesora de mongol antiguo de Siam, se había

fugado con un luchador de sumo.

Aquella noche, la princesa se encontraba en sus aposentos reales, con

su túnica de seda bordada en hilos de oro, que era la que usaba de entre casa,

por si se manchaba con sopa de tortuga. Se había peinado con un alto rodete

sujeto con dos palitos.

Silenciosamente, Kerpo se introdujo por una ventana, en el cuarto de

Lee-Fú. Observó a la princesa que, de espaldas, se pintaba las uñas de los pies

con esmalte de cañas de bambú.

Kerpo sintió que el corazón le ardía. El amor lo consumía, lo incendiaba,

lo incineraba.

Cuando Lee-Fú hubo terminado de pintarse sus dedos meñiques, que

eran los más difíciles, se incorporó. Fue entonces cuando sus ojos rasgados se

encontraron con los del dragón.

Lejos de asustarse, Lee-Fú lo recibió con amabilidad y le ofreció tomar

asiento en un taburete de terciopelo. Kerpo no pudo hacerlo, porque su larga

cola en punta se lo impedía. La princesa lo convidó entonces con un copón de

jugo de centella asiática. Pero cuando Kerpo se dispuso a beberlo, llamaradas

incontenibles salieron de su boca.

En ese momento, la princesa pegó un grito aterrador: el esmalte de

cañas de bambú se derretía al calor del fuego. Con el trabajo que le habían

dado los dedos chiquitos…

En cuestión de segundos, el fuego se apoderó de las cortinas de finísimos

tules, de las alfombras de piel de víbora, de los abanicos multicolores que

adornaban las paredes y hasta de la foto del viaje de egresados de Lee-Fú en

Pekín, con sus compañeros de curso.

Al ver el incendio, los cortesanos juntaron agua en teteras de plata y

corrieron a apagarlo.

Cuentan en Siam que las llamas tardaron horas en extinguirse. El palacio

todo quedó convertido en cenizas. Recuerdos de dinastías milenarias eran

ahora una montañita gris.

De la princesa no se encontraron rastros.

Pero algunos dicen haberla visto remontar vuelo, sobre una extraña criatura

alada, con los ojos del color de todos los atardeceres.

Leer más...
 
"Cuando sea grande" un cuento de Elsa Bornemann PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
domingo, 13 de julio de 2008

 “¿Qué vas a ser cuando seas grande?”, me pregunta todo el mundo. Y aparte de contestarles: “Astrónomo” (o“ colectivero del espacio”…, porque nunca se sabe…), tengo ganas de agregar otra verdad: “Cuando sea grande voy a tratar de no olvidarme de que una vez fui chico. ”

Recuerdo que —cuando aún concurría al jardín de infantes— mi tía Ona me contó un cuento de gigantes. ImageDespués me mostró una lámina en la que aparecían tres y me dijo:
—Los gigantes sólo existen en los libros de cuentos.
—¡No es cierto! —grité—. ¡El mundo está lleno de gigantes!
¡Para los nenes como yo, todas las personas mayores son gigantes!
A mi papá le llego hasta las rodillas. Tiene que alzarme a upa para que yo pueda ver el color de sus ojos… Mi mamá se agacha para que yo le dé un beso en la mejilla… En un zapato de mi abuelo me caben los dos pies…
Image ¡Y todavía sobra lugar para los pies de mi hermanita!
Además, yo vivo en una casa hecha para gigantes:
si me paro junto a la mesa de la sala, la tabla me tapa la nariz…
Para sentarme en una silla de la cocina debo treparme como un mono, y una vez sentado, necesito dos almohadones debajo de la cola para comer cómodamente.
No puedo encender la luz en ningún cuarto, porque no alcanzo los interruptores. Ni siquiera puedo tocar el timbre de entrada. Y por más que me ponga de puntillas, ¡no veo mi cara en el espejo del baño!
Por eso, ¡cómo me gusta cuando mi papi me lleva montado sobre sus hombros! ¡Hasta puedo arrancar ramitas de los árboles con sólo estirar el brazo!
Por eso, ¡cómo me gustaba ir al jardín de infantes! Allí hay mesas, sillas, armarios, construidos especialmente para los nenes.
Las mesas son “mesitas”; las sillas son “sillitas”; los armarios son “armaritos”…
¡Hasta los cubiertos son pequeños y mis manos pueden manejarlos fácilmente! También hay una casita edificada de acuerdo con nuestro tamaño. Si me subo a un banco, ¡puedo tocar el techo!
Sí. Ya sé que también yo voy a ser un gigante: cuando crezca.
Image ¡Pero falta tanto tiempo! Entre tanto, quiero que las personas mayores se den cuenta de que hoy soy chico, chiquito, chiquitito.
¡Chico, chiquito, chiquitito, en un mundo tan grande! De gigantes. Hecho por gigantes. Y para gigantes.

 

 
 
<< Inicio < Anterior 91 92 93 94 95 96 97 Siguiente > Final >>

Resultados 865 - 869 de 869

Menú principal
Inicio
Entrevistas
Cuentos para leer
Quien soy
Palabritas de Lucía
Descargas
Tablón de Avisos
Contactar
Deja tu comentario