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Cuentos para leer
El regalo...ELOY MORENO PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
martes, 20 de octubre de 2015

ImageMamá -le pregunté un día-, el papá, de novios, te dijo alguna vez te quiero.
-Sí, claro -sonrió ella- muchas veces, muchas más de las que te imaginas.
-¿Y ahora?
-Ahora también.
-¿Cuándo?
-Cuando tú no lo escuchas.
-¿Por qué?
-Porque le daría demasiada vergüenza.

Y de pronto, mi madre me cogió y me abrazó.
-Te quiero -me dijo al oído.
-Yo también -le contesté, pero noté como le cambiaba el rostro...
-¡No, no! -me recriminó- yo también no es un te quiero, no lo olvides, no lo olvides nunca.
-Te quiero, mamá, ¡Te quiero! ¡Te quiero!-le grité.

 
Miguel Ángel Bethencourt PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
lunes, 19 de octubre de 2015
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Déme otro...LUIS PESCETTI PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
lunes, 19 de octubre de 2015

}Al finalizar el horario de clases llega una madre a buscar a su hijo. La intercepta la maestra, que trae al niño de una mano.

Señora, hoy Fernando se portó fatal.

¿¡Otra vez!?

Pero fatal, fatal… no hace caso, contesta, se burla de los compañeros…

Pues, entonces, déme otro.

¿¡Cómo que "otro"!? ¿Otro niño?

Sí, porque tampoco sé qué hacer.

Pero, es que no puede ser.

Con su padre ya le dijimos (mirando al niño), pero si él no quiere hacer caso… Qué, ¿no hay más niños?

Es que no se trata de eso, la escuela está llena de niños…

Pues cámbiemelo y listo.

(Dubitativa). No, pero…

Casi mejor pruebo con una niña, estoy pensando.

Es que se me desordena todo, señora, luego vendrá la madre de la niña…

Pero yo llegué primero.

Sí, ya sé, pero luego se quejan, no se crea. Y además (señala con la cabeza al niño) es pasarle el problema a otra familia.

No, porque así aprende, para la próxima lo va a pensar.

¿Y si no lo quiere nadie?

¿¡Pero qué dice!? ¿Cómo no lo van a querer si es un niño precioso?

Precioso sí que es, pero se porta…

Ah, ¿y qué pretende? ¿Que me lo lleve yo?

No, si no digo eso.

Hay que hacer algo, maestra, hay que poner límites, si no van de peor en peor.

Bueno, ¿y cuál quiere?

Una niña, ¿no le digo? (mira hacia el patio). Aquélla, la que está saltando.

¡Elena! ¡Recoge tus cosas que te vas con la señora que será tu madre!

¡Uf! (la niña con evidente fastidio), ¡estoy jugando!

¡Ala! ¡Vamos! Sin protestar, mira qué primera impresión más fea le vas a dar a la señora.

La niña, resoplando contrariada por la interrupción del juego, va al salón.

¿No será peor que éste, no? (la madre, preocupada).

¡Qué va! Es un ángel, lo que ocurre es que estaba jugando; los niños son así.

Llega la niña con su mochila.

¿Vamos a casa, Elenita?

¿Y hay tele?

(La maestra y la madre sueltan una risa). ¡Claro que hay tele! Y un perro muy hermoso, que a Fernando le gustaba mucho, ¿verdad, Fernando?

… (el niño, con la mirada baja, asiente).

¡Qué lindo! ¡Nunca tuve un perro porque mis papás no me dejaban!

Pues vamos a casa, que ya tienes uno. Y tú, Fernando, pórtate bien con tu nueva familia y nos vienes a visitar cuando quieras, ¿sí?

El niño asintió otra vez, sin levantar la mirada. La madre saludó amablemente a la maestra. Ésta se despidió de Elena con un beso y dio vuelta hacia el patio, con Fernando de la mano.

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Los dragones también lloran...Gustavo Roldan PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
lunes, 19 de octubre de 2015

ImageNo es frecuente, porque no les gusta llorar. Pero a veces lloran. Lloran cuando nadie los ve, por eso no hay quien crea en el llanto del dragón.

Entonces crecen los ríos y desbordan, incontenibles; los mares se alborotan y las olas golpean en las rocas de las orillas bramando de desasosiego y de furia.
Los dragones lloran silenciosamente, vertiendo tristes lágrimas, infinitas lágrimas tristes, que hacen surcos en la tierra y caen al río y caen al mar y los ríos y los mares se encrespan y crecen y desbordan.
Entonces los dragones vuelan hasta lo más alto, para no llenar de lágrimas la tierra. Pero no resuelven nada, porque las lágrimas ahora son una inmensa lluvia que sigue mojando la tierra y llenando los mares.
Al final dejan de llorar. Nunca se sabe por qué. Como tampoco se sabe por qué empiezan a llorar.

 
Casita de papel... Elsa Bornemann PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
domingo, 11 de octubre de 2015

La casita de los versos
es de papel y chiquita,
pero allí cabe de todo
lo que uno necesita
en sus siete habitaciones
con sus siete ventanitas:
En una hay sueños violetas,
hay en la otra, sonrisas;
en la tercera, un gigante
bien dibujado con tiza
que guarda hermosas palabras
debajo de la camisa...
En la cuarta habitación
un cofre con musiquitas;
en la quinta, dos espejos
para ver cosas bonitas...
(por uno se ven los pájaros
y por el otro, estrellitas...).
En la sexta habitación
cubre paredes y suelo,
un jardín de tulipanes
con césped de terciopelo
y escalera-caracol
para ir a bailar al cielo.
En la séptima hay dos lunas
en el fondo de un baúl:
una huele a azúcar tibia,
la otra a perfume azul...
una usa hebillas de oro,
la otra moños de tul.
¡Ay! ¡Qué casa primorosa,
de papel y tan chiquita!
pero... . ¿han visto?, cabe todo
lo que uno necesita
en sus siete habitaciones
con sus siete ventanitas.

 
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